Capítulo 5: ¿por qué las normas?

En la Escuela Activa hay normas. En toda sociedad como en toda persona debe haberlas. La ausencia de ellas produce ambientes peligrosamente caóticos que los propios niños en un momento dado llegan a rechazar. Por cuanto la conducta del niño está regida particularmente por la de los modelos que le son más cercanos, se infiere que son los adultos, padres y maestros, los primeros responsables de la transmisión de las normas primarias y fundamentales. A la escuela corresponde mucha de la implementación y conservación de las normas que, llevadas a la práctica, dan lugar al orden.

 

Al acostumbrarse a un orden determinado, el niño carece de condiciones para hacer valer sus caprichos y para negarse a cumplir las normas establecidas. Se ejercita en la capacidad de saber contenerse y regular su comportamiento. No hay ni remotamente alguna forma de crueldad o de desamor por parte de los educadores en el sostenimiento permanente del respeto al orden. En el desarrollo del niño tienen excepcional importancia las reglas del comportamiento establecidas en la familia y en la escuela.

 

Un hogar o una escuela cumplen justamente sus fines educativos en la medida en que forman en el niño su necesidad de normatividad. Si la vida del pequeño está sujeta a normas irracionales, si está desorganizada tanto en lo interno como en lo externo, esto se traducirá en inseguridad y apatía. Pero si la vida está organizada, su memoria se enriquece con un contenido útil que se va ampliando gradualmente. En la vida cotidiana surgen constantemente dificultades ante el niño, como surge también un gran número de fenómenos inesperados. Para comprenderlos y superarlos, su mente ha de trabajar activamente. El niño no debería ser nunca sujeto pasivo del mundo que le circunda. Por el contrario: es preciso que lo conozca, lo observe y lo transforme en experiencia y conocimiento. El adulto no deberá obviar siempre las dificultades y obstáculos que surgen ante el niño, sino fortalecer permanentemente sus capacidades y recursos para enfrentarlos y resolverlos.

 

En la Escuela Activa queremos aquellos padres que aspiran a un desarrollo integral del niño; aquellos que le dan oportunidad, como nosotros, de observar, experimentar, dialogar, antes que eximirlo del esfuerzo que a veces ello implica.

 

Acerca de todo ello es conveniente reiterar que la normatividad, como el orden y el trabajo, no están reñidos con la Escuela Activa. Con lo que sí están reñida es con el caos, la pasividad y la improductividad. Quienes han identificado la Escuela Activa con estas ideas han dañado gravemente a sus hijos y han convertido a algunas dizque escuelas activas en centros de libertinaje.