Capítulo IX. LA FAMILIAPor todo lo expuesto y más, la Escuela Activa debe estar profundamente identificada con la familia. Sin esta identificación, nuestra escuela no funciona. La idea es proporcionar al niño marcos de referencia uniformes, esto es, que el niño no deberá encontrar en el seno familiar aquello que la escuela rechaza, y viceversa. Si el niño encuentra actitudes uniformes en la escuela y en el hogar, esto lo capacitará ampliamente para todo su proceso educativo. La escuela, la familia y la sociedad han de constituirse en un círculo armonioso. Si padres y maestros trabajamos multirateralmente para hacer de los niños seres positivos, productivos y honestos; si nos empeñamos en fomentar realmente su capacidad de juicio; si les abrimos todos los caminos de la creatividad, de la investigación, de la crítica y la autocrítica, del análisis y del raciocinio; si nos esforzamos, en fin, por vencer a todos los fantasmas que nos cierran el paso, entonces si podremos afirmar que estamos transformando nuestra sociedad.
Aspiramos a que la familia comparta nuestro propósito de eliminar del panorama educativo las metas mediocres, a dotar al niño de objetivos elevados. Queremos trabajar con la convicción de que desde cualquier nivel en el que les toque actuar, los egresados de esta escuela sabrán respaldar sus exigencias y sus acciones con actitudes de responsabilidad, valor y honestidad. Es éste el camino que les permitirá someter a juicio todas las acciones que afecten de un modo u otro la vida del país, al mismo tiempo que serán capaces de enfrentarse a las exigencias que ellos mismos se hayan planteado.
No ignoramos que es difícil llegar a los objetivos planteados. Por esto nos es imprescindible contar con la participación de los padres. No todos los padres. Sólo aquellos que compartan la necesidad de transformar, mediante la educación, la sociedad que nos toca vivir y, sobre todo, la que les tocará vivir a los niños de hoy.
Mucha gente hay que se preocupa ante la perspectiva de la sociedad del futuro. A todos ellos les decimos que tengan presente en todo momento -como nosotros lo tenemos en la Escuela Activa- que los hombres de las generaciones futuras, que son los niños de hoy, tendrán que conquistar, con o sin nuestra participación, más de una libertad, más de un derecho y más de una conciencia cuya necesidad ni siquiera sentimos hoy. De aquí que para recibir a un niño en la Escuela Activa valoremos a los padres y su actitud ante la vida. Es deber de padres y maestros instrumentar a los niños y capacitarlos para manejar los valores universales de todos los tiempos. Pero no termina aquí nuestra responsabilidad: estamos obligados a prepararlos para crear los valores y aptitudes que les permitan realizarse con plenitud en el mundo de mañana. Ello será posible si tomamos en cuenta que la función educativa no consiste en imponer criterios personales ni en ejercer una autoridad arbitraria, sino en despertar nobles aspiraciones en el niño de hoy, basadas en el amor, la razón y la justicia.
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